Cómo la actividad humana está
alterando los ciclos de lluvias y sequías en la cuenca del río Amazonas
El mayor sistema hídrico del planeta juega un rol clave en el
sistema climático mundial. Sin embargo, debido a la explotación humana, la
región está sufriendo cambios que ya están afectando a la biodiversidad, al
clima y a las personas.
Por Redacción
National Geographic
Publicado 21 abr 2022, 03:48 GMT-3
Tomado de : https://tinyurl.com/2ye2p9e5
La cuenca del río Amazonas o Cuenca Amazónica es
muy, muy grande. En el territorio que abarca cabría cómodamente la India, pero
dos veces. Esta dimensión continental implica que los procesos
hidrológicos de la cuenca repercuten en el medio ambiente global de diversas
maneras. Las altas tasas de precipitación, el gran almacenamiento de agua
dulce y el fuerte caudal de los ríos hacen que la cuenca del Amazonas sea un
actor clave en el sistema climático mundial. Por eso, cualquier alteración
en sus ciclos naturales puede tener repercusiones planetarias.
Un estudio realizado por 20 investigadores
latinoamericanos, y publicado por la Reviews of Geophysics en
2021, identificó los cambios en estos ciclos hidrológicos que se
produjeron en los últimos 30 años, basándose en los datos de seguimiento por
satélite.
Con las imágenes procedentes del espacio, se pudieron
analizar las gigantescas dimensiones de la cuenca y la relación entre los
procesos hidráulicos, señalando que la acción humana, como la
deforestación del bosque y la minería, está influyendo en la distribución de
las precipitaciones, las sequías, los periodos de inundación e incluso en la
modificación de cursos fluviales completos.
LA ALTERACIÓN DE LOS CICLOS HÍDRICOS
NATURALES DE LA CUENCA DEL AMAZONAS
El citado análisis señala que la acción humana y el cambio
climático están alterando la distribución de las precipitaciones en la región
de la cuenca del Amazonas, identificando zonas en las que las
precipitaciones son cada vez más voluminosas mientras que, en otras, la sequía
está más presente.
Según el estudio, los modelos hidrológicos y climáticos
construidos a partir de imágenes de satélite indican más lluvias e
inundaciones en el norte de la Amazonia y sequías más severas en el sur de
la región. Por consiguiente, el cambio en el ciclo de las
precipitaciones también influye en las crecidas y los caudales de los
ríos, lo que afectaría tanto a la fauna como a las poblaciones humanas.
"Los datos apuntan a una reducción de los caudales
medios de los ríos del oeste al sur del Amazonas. Mientras que en el norte, hay
un escenario de aumento de las lluvias y, en consecuencia, de las inundaciones
de los ríos que vienen de Perú y llegan a la Amazonía", expresó Rodrigo
Paiva, doctor en Hidrología, Hidroquímica, Suelo y Medio Ambiente por la
Universidad de Toulouse, Francia, y uno de los autores del documento.
Es importante destacar, sin embargo, que el cambio en la
pluviosidad amazónica no significa que las lluvias en la región no sigan siendo
intensas en toda la extensión de la cuenca. Los ciclos pluviométricos anuales
varían significativamente, muy influidos por la latitud, el relieve y las
características atmosféricas.
La precipitación media anual en la región es de 2.200
milímetros, pudiendo alcanzar valores superiores a los 6.000 milímetros anuales
en los lugares denominados hotspots o "puntos
calientes" pluviométricos, localizados en la transición entre los Andes y
la Amazonía. A modo de comparación, la precipitación media anual de la ciudad
de São Paulo es de 1616 milímetros, mientras que en la Ciudad de México puede
oscilar entre los 600 y los 1.200 milímetros y, en Buenos Aires, no suele
superar los 1.112 milímetros.
"El cambio más importante que observamos en el ciclo
hidrológico es la intensificación de los fenómenos extremos", dijo en una
videollamada con National Geographic Jhan Carlo Espinoza,
doctor en Climatología e investigador peruano adscrito a la Universidad de
Grenoble Alpes y al Instituto de Investigación para el Desarrollo, en Francia,
y uno de los autores del estudio.
Lo que la combinación de observaciones desde el espacio y los
estudios in situ están mostrando es, en realidad, un
aumento de la intensidad de los procesos hidrológicos. "En los últimos
años", informó Espinoza, "el período seco en la parte sur de la
Amazonía se ha extendido, en media, un mes. Mientras que en el norte, las
lluvias son mucho más intensas, provocando crecidas récord en los ríos".
Un ejemplo reciente ocurrió en junio de 2021, cuando el Río
Guainía o Negro alcanzó un nivel de inundación severo, por encima de los 30
metros, en el puerto de Manaos, la capital y mayor ciudad del estado brasileño
de Amazonas. Este nivel fue el más alto jamás registrado desde que comenzaron
las mediciones hace 119 años, según advirtió el Servicio Geológico de Brasil.
El efecto de la deforestación en las
precipitaciones de la Amazonía
Tal como cuenta Espinoza, la intensificación de algunas
variables hidrológicas ha ido en aumento, sobre todo a partir de la década del
2000, con eventos extremos de inundación y sequía que se producen con poco
tiempo de diferencia.
Las causas de estos cambios siguen siendo objeto de debate en
la comunidad científica, debido a la complejidad del sistema hidráulico de la
cuenca del Amazonas. Esto se debe a que las condiciones climáticas y
atmosféricas de otras partes del mundo pueden tener consecuencias en la
distribución de las precipitaciones en el Amazonas: "El aumento de las
temperaturas oceánicas, por ejemplo, hace que llueva más en el norte de la
región. Pero el cambio climático global no es el único factor, ya que éste
también está muy relacionado con los cambios en la cobertura del suelo en la Amazonia,
convertida de vegetación nativa a uso agrícola o minero", explica
Espinoza.
Combinando los datos de satélite sobre las precipitaciones y
el uso del suelo en la región del Amazonas, fue posible relacionar el
nivel de deforestación con la cantidad de precipitaciones en una región. Y
lo que los investigadores analizaron es que cuanto más se deforesta, menos
llueve: "Además de llover menos, las precipitaciones se retrasan más, es
decir, el período seco se alarga", explica Gabriel Abrahão, investigador
de meteorología aplicada de la Universidad Federal de Viçosa, en Minas Gerais,
Brasil.
La eliminación de la cubierta vegetal interrumpe
el flujo de humedad del suelo a la atmósfera, lo que influye directamente en la
temporada de lluvias. Según Abrahão, la diferencia en el inicio de la temporada
de lluvias es clara al comparar regiones cercanas, donde una está más preservada
que la otra y puede tardar más de una semana en llegar la lluvia a la
región más deforestada.
"Lo interesante, o quizás preocupante, es que si la
cuenca del Amazonas en su conjunto tiene un año en el que llueve bien, el nivel
de deforestación no supone ninguna diferencia. Llueve bien en todas
partes", dice Abrahão. "Pero en los años en que la lluvia llega más
tarde", añadió, "la diferencia es enorme, puede retrasarse hasta 30
días en los lugares más deforestados. Esto es catastrófico para la agricultura
y la ecología de la región".
El aumento de la estación seca también está relacionado con
el tamaño de la zona deforestada. Según el análisis de las imágenes de satélite
de la Misión de Medición de Lluvias Tropicales de la NASA (TRMM, por sus siglas
en inglés), considerando un área con un radio de 28 kilómetros cuadrados, las
pequeñas fracciones deforestadas, hasta un límite del 57% de deforestación,
provocan un ligero aumento de las precipitaciones. Sin embargo, una vez
superado este límite, la precipitación media comienza a descender. En grandes
áreas (por encima de 224 kilómetros cuadrados), la deforestación conduce
sistemáticamente a una reducción lineal de la precipitación media de 4,1
milímetros al año.
La observación de la cuenca del Amazonas a través de
satélites permite identificar eventos hidromorfológicos que no se entenderían o
que, al menos, serían mucho más difíciles de comprender sólo con estudios de
campo. Un ejemplo es el cambio de curso de un río que hizo desaparecer un tramo
de 100 kilómetros de su caudal.
Utilizando imágenes del Landsat (el programa de satélites de
la NASA para observar la Tierra e investigar los recursos naturales), los
investigadores han observado recientemente cómo el curso del Río Araguari, en
el estado brasileño de Amapá, fue absorbido por el Río Amazonas.
"Un río con un caudal enorme, que desembocaba en el mar,
y que simplemente desapareció en un periodo de dos o tres años", lamentó
Abrahão. Según los autores del estudio, el Araguari, cuyo caudal era cinco
veces superior al del Río Doce (un importante río del sudeste de Brasil) y que
tenía un flujo en su desembocadura de 900 metros cúbicos por segundo, comenzó a
desaguar en otros lugares hasta desaparecer, dejando a cientos de personas sin
agua, medios de subsistencia y transporte.
El acontecimiento no sólo provocó la desaparición del río,
sino que también acabó con la Pororoca, uno de los fenómenos más famosos del
Amazonas. Derivado del tupí, pororoca significa "rugido" y
corresponde a un acontecimiento natural que consiste en la formación de grandes
y violentas olas al encontrarse las aguas de un río con el océano.
La razón de la desaparición: riveras destruidas por la cría
de búfalos, la implantación de tres represas hidroeléctricas y la construcción
de canales de riego para las granjas cercanas. "El desvío se produjo
debido a acciones humanas, como la degradación de la vegetación y el pisoteo de
los animales, que crearon las condiciones para que se formara el canal,
llevando casi toda el agua hacia el Amazonas", explicó Abrahão.
"El tramo del Araguari era donde se daban las mayores
pororocas del Amazonas y ahora simplemente ya no existe, porque el río se ha
secado", comentó Alice Fassoni-Andrade, doctora en Recursos Hídricos de la
Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS) y coautora de la
investigación.
Las ventajas de estudiar la Amazonía
desde el espacio
En las últimas décadas, el Amazonas ha sufrido importantes
cambios medioambientales. Las extensas zonas de bosque tropical taladas para su
conversión en pastos, tierras de cultivo o para la actividad minera han
afectado no sólo al régimen de lluvias de la región, sino también a procesos
como la evapotranspiración (transferencia de agua a la atmósfera mediante la
evaporación del agua del suelo y la transpiración de las plantas), el
transporte de sedimentos, el caudal y el color de los ríos.
Muchos de esas características y alteraciones sólo fueron
descubiertas e interpretadas tras el inicio de la era de la exploración
espacial. "El Amazonas sirvió de gran laboratorio para el desarrollo de
técnicas de monitorización remota por satélite", afirma Rodrigo Paiva,
coautor del estudio. Explica que la región era atractiva y funcionaba como un
"conejillo de Indias" por tener fuertes signos hídricos, como lluvias
muy intensas y voluminosas, ríos enormes y gran amplitud en el nivel del agua,
incluso con diferentes colores entre ellos. Por eso, añadió, se trata de un
lugar "muy adecuado para probar y desarrollar estas técnicas. Permitió un
estudio del entorno y una comprensión de los procesos hidráulicos que no sería
posible sólo con mediciones de campo".
Según los investigadores, hay más factores para los cambios
hidráulicos en la cuenca del Amazonas que la acción humana en la selva, aunque
éste sea un factor importante. Sin embargo, la identificación de la relación
entre la explotación del medio ambiente, el cambio climático y los cambios en
la hidrología es un subproducto de la investigación que ha recurrido a las
misiones espaciales para comprender mejor la inmensidad del Amazonas.
